La definición de libro es engañosamente simple. Es un mensaje escrito o impreso de considerable extensión. Tiene que ser portátil. El material debe ser lo suficientemente duradero y ligero para poder transportarlo. Este requisito básico ha impulsado el cambio tecnológico durante milenios.
El antepasado directo del libro moderno no es la tablilla de arcilla. Proviene de la antigua Mesopotamia. El verdadero predecesor es el rollo de papiro del antiguo Egipto. Ambos artefactos se remontan a c. 3000 a.C. El formato del papiro ofrecía una flexibilidad que la piedra pesada o la arcilla simplemente no podían igualar.
China desarrolló su propio camino. Los académicos allí crearon un extenso cuerpo de trabajo. Los primeros textos estaban encuadernados con tiras de madera o bambú. Unas cuerdas los mantenían unidos. La tinta negra de humo llegó alrededor del año 400 d.C. La impresión con bloques de madera siguió en el siglo VI. Esta independencia de la tradición mediterránea pone de relieve cuán ampliamente se extendió la necesidad de contar con conocimientos registrados.
Los griegos adoptaron el rollo de papiro. Se lo pasaron a los romanos. Pero se avecinaba un cambio. El códice hizo obsoleto el rollo de papiro en el año 400 d. C.. Este nuevo formato utilizaba pergamino o vitela. El material procedía de pieles de animales. Permitía escribir en ambas caras de la hoja. Era mucho más eficaz que desenrollar una larga tira de papel.
En el siglo XV, los manuscritos en papel eran comunes. La verdadera explosión ocurrió con la imprenta. La imprenta se extendió rápidamente a finales del siglo XV. Este conocimiento democratizado. Ya no era sólo para los monjes. Los logros técnicos posteriores, como la impresión offset, mejoraron la calidad y la velocidad.
El medio sigue cambiando. A finales de la década de 1990, los libros electrónicos descargables estuvieron disponibles a través de Internet. El libro ya no es sólo papel. Son datos. Es código. Cabe en tu bolsillo.
¿Qué sucede cuando el objeto físico desaparece por completo? Todavía leemos las mismas palabras. Todavía discutimos sobre la historia. Pero la herramienta es diferente. La pantalla brilla. La página pasa con un toque. La historia del libro es una historia de conveniencia. Siempre quisimos llevar nuestras bibliotecas con nosotros. Nunca supimos lo pesados que eran hasta que no fue necesario.

































