El oeste americano se enfrenta a una grave escasez de agua, y el río Colorado, un sustento para más de 30 millones de personas, se está secando a un ritmo alarmante. Si bien el debate público se centra en los esfuerzos de conservación individuales, el mayor culpable de esta crisis no es el desperdicio de césped ni las lluvias prolongadas. Es la demanda masiva de agua para alimentar al ganado.
La magnitud del problema
El Pacto del Río Colorado, que rige la distribución de agua entre siete estados y México, está fracasando. Las negociaciones para asegurar asignaciones futuras se han estancado y el gobierno federal podría intervenir pronto para hacer cumplir los recortes. Pero ni siquiera las medidas drásticas lograrán resolver el problema subyacente: la agricultura consume aproximadamente el 75% del agua del río Colorado, y esa proporción es dominada por el alimento para el ganado.
El factor vaca
Casi la mitad del agua utilizada en la agricultura se destina al cultivo de alfalfa y heno, casi exclusivamente para alimentar al ganado vacuno y lechero. Esto significa que al menos el 47% del agua del río se dedica a la alimentación animal, aunque esto rara vez se analiza en la narrativa más amplia de la crisis del agua. Esto es insostenible; El agua limitada de Occidente se utiliza principalmente para cultivar cultivos de bajo valor, mientras que las ciudades luchan por mantener las reservas.
La economía de la sed
Este desequilibrio no es sólo ambiental; es económico. En Utah, el 70% del agua se utiliza para la producción de alfalfa, pero este cultivo representa sólo el 0,2% del PIB del estado. Esto pone de relieve una mala asignación crítica de recursos. La industria ganadera recibe una enorme proporción de agua y contribuye comparativamente poco a la economía regional.
El legado de los derechos sobre el agua
La situación se complica aún más por la doctrina de la “apropiación previa”, heredada de la Homestead Act del siglo XIX. Este sistema prioriza derechos de agua establecidos desde hace mucho tiempo, bloqueando efectivamente patrones de uso insostenibles. Los titulares de derechos de agua de alto rango en California, entre otros, continúan reclamando prioridad, lo que dificulta una reforma significativa.
El camino a seguir
Abordar la crisis del río Colorado exige un cambio de prioridades. Los formuladores de políticas deben reconocer que la gestión sostenible del agua requiere repensar la dependencia de la región de la producción ganadera con uso intensivo de agua. Las soluciones incluyen incentivar a los agricultores a dejar los campos en barbecho, permitir el comercio de derechos de agua y, en última instancia, enfrentar la escala insostenible de la producción de carne y lácteos en el árido Oeste.
La realidad es clara: si bien se insta a los consumidores a conservar, el drenaje más grande del río Colorado no son los campos de golf ni los centros de datos; son los millones de vacas que consumen agua en una región que apenas puede darse el lujo de gastarla. Sin reconocer esta verdad, el futuro del agua en Occidente sigue siendo sombrío.































