El último éxito de Netflix, La mujer en la cabina 10, es un thriller retorcido que mantiene a los espectadores enganchados… hasta que su mayor defecto sale a la luz. La película, protagonizada por Keira Knightley, sigue a la periodista Lo mientras investiga un posible asesinato a bordo de un lujoso yate. La premisa es simple: Lo es testigo de lo que ella cree es una mujer arrojada por la borda, solo para ser iluminada con gas por la tripulación del barco, quienes insisten en que tal incidente no ocurrió.
La historia se desarrolla con el ritmo clásico del thriller. Lo, invitada a perfilar a los filántropos ricos Richard y Anne Bullmer, se encuentra atrapada en una red de engaños. ¿El giro? Anne no es quien parece. La “Anne” vista después del supuesto incidente por la borda es en realidad una doble, Carrie, contratada por Richard para hacerse pasar por su esposa y asegurar su fortuna.
La película juega eficazmente con la paranoia. La insistencia de Lo en un crimen se encuentra con la negación, lo que deja a los espectadores cuestionando su cordura junto a ella. La tensión aumenta a medida que Lo profundiza, volviéndose cada vez más aislada y desesperada por demostrar lo que vio. El engaño es audaz: Richard utiliza el reconocimiento facial para encontrar un reemplazo casi idéntico, y Carrie mantiene la farsa con un disfraz mínimo.
Sin embargo, el mayor paso en falso de la película es la suspensión de la incredulidad. Se supone que el público debe aceptar que un grupo de amigos cercanos (personas que supuestamente conocen bien a Anne) no se dan cuenta de las diferencias obvias en apariencia, voz y gestos entre la verdadera Anne y su impostor. Este agujero en la trama socava el plan que de otro modo sería inteligente, dejando a los espectadores preguntándose por qué nadie cuestiona el descarado cambio.
La mujer en la cabaña 10 es un thriller divertido y trepidante, pero su dependencia de la conveniente ceguera de los personajes secundarios debilita la narrativa. La película logra crear suspenso, pero su acto final se siente menos como una revelación satisfactoria y más como una oportunidad perdida de realismo. A pesar del agujero en la trama, la historia aún ofrece valor de entretenimiento, pero es un recordatorio de que incluso un thriller bien elaborado puede fallar en su lógica.
