Los recientes ataques con drones contra centros de datos en los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin marcan una preocupante escalada en la guerra moderna, según analistas de seguridad. Los ataques, reivindicados por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI), representan los primeros ataques físicos conocidos a estos centros de infraestructura crítica, lo que plantea dudas sobre el futuro de la seguridad digital en las zonas de conflicto.
El nuevo campo de batalla: ¿Por qué los centros de datos?
Los centros de datos, los motores invisibles que impulsan todo, desde la banca hasta la inteligencia artificial, ahora son considerados objetivos legítimos por algunos actores estatales. Irán justificó los ataques afirmando que las instalaciones apoyan las operaciones militares y de inteligencia del enemigo. Expertos como Vincent Boulanin del SIPRI explican que estos centros son “elementos fundamentales de las capacidades de IA a nivel nacional”, lo que los hace estratégicamente vitales.
La vulnerabilidad es grave: si bien los centros de datos tienen una seguridad física sólida, no fueron diseñados para resistir ataques aéreos a nivel estatal. Empresas como Amazon, cuyas instalaciones fueron afectadas, han sufrido interrupciones en el servicio, aunque las medidas de redundancia –como las “zonas de disponibilidad” geográficamente dispersas– han mitigado algunos daños.
Hay más en juego que nunca
Las implicaciones se extienden más allá de la inestabilidad regional. Las huelgas ponen de relieve un nuevo riesgo para las principales empresas tecnológicas –en particular las hiperescaladoras como Microsoft, Google Cloud y Amazon Web Services– que albergan enormes granjas de servidores. Incluso las empresas de inteligencia artificial como OpenAI y Anthropic podrían enfrentar ataques directos si los conflictos se intensifican, dada la presunta dependencia del ejército estadounidense de estas tecnologías.
Este cambio en la guerra plantea preguntas fundamentales: si los centros de datos ahora son presa fácil, ¿cómo responderán los gobiernos y las empresas privadas? Los ataques pueden disuadir futuras inversiones en Medio Oriente, lo que podría paralizar las estrategias de nube e inteligencia artificial de la región. Mordor Intelligence había proyectado que el mercado de centros de datos de los EAU se duplicaría con creces para 2031, pero ese crecimiento ahora está en peligro.
Las opciones de defensa son limitadas
Proteger los centros de datos es un desafío. James Shires, de Virtual Routes, señala que si bien la seguridad terrestre es sólida, falta defensa aérea. Las opciones incluyen ejercer presión para lograr acuerdos internacionales que prohíban los ataques a la infraestructura civil (algo poco probable, dadas las tensiones geopolíticas actuales) o implementar sistemas de defensa antimisiles como la Cúpula de Hierro de Israel. Estados Unidos está desarrollando un escudo nacional similar, denominado “Cúpula Dorada”, pero aún no se han adjudicado contratos.
De todos modos, los ataques subrayan una realidad simple: en la guerra, los centros de datos ya no son inmunes. El impacto a largo plazo lo sentirán no sólo las empresas tecnológicas, sino también cualquier nación que dependa de la infraestructura digital para su economía y defensa.
Los ataques podrían haber sido ilegales según el derecho internacional si los centros fueran puramente civiles, pero se ha sentado el precedente. Como concluye Boulanin, “es muy probable que los centros de datos sean el objetivo en el futuro”.
































