Durante los últimos 16 años, Hungría ha funcionado menos como una democracia europea estándar y más como un laboratorio político para la autocracia moderna. Bajo el primer ministro Viktor Orbán, el país ha experimentado una transformación sistemática diseñada para garantizar que su partido Fidesz nunca vuelva a perder el poder. A través de distritos electorales manipulados, un panorama mediático controlado por el Estado y un poder judicial lleno de leales, Orbán ha perfeccionado un sistema de “autoritarismo competitivo”.

En este modelo, se celebran elecciones, pero el campo de juego está tan inclinado que la victoria de la oposición es estadísticamente improbable. Sin embargo, a medida que se acercan las próximas elecciones, esa certeza matemática se pone en duda.

El ascenso de Péter Magyar y el partido Tisza

La principal amenaza al dominio de Orbán proviene de una fuente poco probable: Péter Magyar, un ex miembro de alto rango de Fidesz. Magyar, un desertor carismático, renunció al régimen en protesta por un escándalo de abuso sexual infantil y desde entonces ha convertido al partido Tisza en una fuerza política formidable.

La estrategia de Magyar funciona apuntando a las mismas cosas que el sistema “feudal” de Orbán ha roto:
Descontento económico: Si bien los oligarcas alineados con Fidesz se han enriquecido, Hungría sigue siendo uno de los miembros más pobres de la UE, luchando contra la disminución de la población y el deterioro de los servicios públicos.
Comunicación efectiva: A pesar del monopolio mediático del gobierno, Magyar ha utilizado las redes sociales y una intensa campaña en persona para eludir a los guardianes tradicionales.
Credibilidad: Como ex miembro socialmente conservador, Magyar está en una posición única para alejar a los votantes desilusionados del Fidesz que están cansados ​​de la corrupción pero desconfían de la izquierda tradicional.

Las encuestas actuales sugieren que Tisza lidera al Fidesz por un margen significativo. Si bien los expertos sugieren que la oposición necesita una enorme ventaja de 10 a 15 puntos para superar las ventajas estructurales, los mercados de apuestas sitúan actualmente las posibilidades de Magyar de convertirse en Primer Ministro en un 66 por ciento.

Un plan para la derecha estadounidense

Las implicaciones de esta elección se extienden mucho más allá de Europa Central. Para gran parte del movimiento MAGA estadounidense, la Hungría de Orbán no es una advertencia, sino un plan político.

Figuras destacadas de la derecha estadounidense, incluido el vicepresidente JD Vance, han elogiado abiertamente los métodos de Orbán. Consideran que su represión de la libertad académica y su centralización del poder son un modelo exitoso para abordar el “izquierdismo cultural” en Estados Unidos. Esta semana, Vance incluso hizo campaña abiertamente a favor de Orbán, señalando que una victoria de Fidesz se considera una victoria de la extrema derecha mundial.

Por el contrario, una derrota de Orbán asestaría un importante golpe ideológico a este movimiento, desafiando la narrativa de que tal consolidación del poder es posible y deseable en las democracias occidentales.

Geopolítica: un golpe al Kremlin

Más allá de la ideología, las elecciones conllevan mucho en juego para la seguridad internacional, específicamente en lo que respecta a la guerra en Ucrania.

Orbán ha actuado como un “topo” dentro de la alianza occidental, bloqueando frecuentemente la ayuda de la UE y la OTAN a Kiev y manteniendo estrechos vínculos con Vladimir Putin. Su administración ha utilizado su posición dentro de la UE para perturbar la unidad occidental, actuando a menudo como saboteador de iniciativas pro Ucrania.

Si bien el rival, Magyar, es un nacionalista que tal vez no sea un firme partidario del presidente Zelenskyy, carece del alineamiento de Orbán con el Kremlin. Un cambio de poder en Budapest probablemente resultaría en:
1. Reducción de la influencia rusa dentro de la Unión Europea.
2. Mayor estabilidad en la toma de decisiones occidentales con respecto a Ucrania.
3. Una capacidad debilitada de Rusia para explotar las divisiones internas de la UE.

El camino por delante

Incluso si Magyar gana, el camino hacia la restauración de una democracia plena será empinado. Dado que gran parte del poder de Orbán está consagrado en la constitución húngara, un nuevo gobierno requeriría una supermayoría de dos tercios en el parlamento para desmantelar la arquitectura legal actual.

El resultado de estas elecciones determinará si Hungría regresa a una democracia funcional o sigue siendo una piedra angular del movimiento autoritario global.

Conclusión:
Las elecciones húngaras son un referéndum en el que hay mucho en juego sobre la viabilidad de la autocracia moderna. Ya sea que esto resulte en la preservación del “autoritarismo competitivo” de Orbán o en un resurgimiento de la oposición democrática, provocará conmociones en los paisajes políticos de Washington, Bruselas y Moscú.